ANDAR NO ES UN DEPORTE.
El deporte es cosa de resultados: ¿qué puesto ocupas en la clasificación?, ¿qué tiempo has conseguido?, ¿qué resultado?
...Hay, entre la guerra y el deporte, un parentesco del que la guerra extrae su honra y el deporte su deshonra: del respeto al adversario al odio al enemigo.
Andar no es un deporte. Poner un pie delante del otro es un juego de niños.
Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo,
[caminar es el medio mínimo de traslación, como el silencio puede ser el medio mínimo de comunicación]
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| Daniela en el sendero a la Laguna Torre, campamento De Agostini. El Chaltén, Patagonia. Enero 2020. |
LIBERTADES.
Con la excursión de varios días se acentúa el movimiento de desvinculación.
...Pero ¿por qué con la marcha se siente más esa libertad que con un largo viaje? Pues, al fin y al cabo, surgen otras limitaciones no menos penosas: el peso de la mochila, la longitud de las etapas, la incertidumbre climática, la rusticidad de los albergues, algunos dolores.
...Por su naturaleza misma, es un ámbito de poderosas necesidades. Para llegar a tal etapa hay que andar tantas horas, que son otros tantos pasos; la improvisación es limitada, pues no son los senderos de un jardín lo que se recorre, y no puede uno equivocarse en los cruces de caminos o lo pagará caro.
...El milagro no es que sea feliz pese a ello, sino gracias a ello.
TODO LO QUE ME ALEJA DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO ME ALEJA DE LA VELOCIDAD.
Mi mundo no solo no se derrumba por no estar conectado, sino que esas conexiones se me antojan de pronto lazos opresivos, agobiantes, demasiado estrechos.
La libertad es ahora un bocado de pan, un sorbo de agua fresca, un paisaje despejado.
Andar puede provocar esos excesos: un exceso de cansancio que lleva la mente al delirio, un exceso de belleza que sobrecoge el alma, un exceso de ebriedad en las cimas, en lo alto de los puertos de montaña (el cuerpo estalla). Caminar acaba por despertar en nosotros esa parte rebelde, arcaica.
...Porque caminar nos coloca en la vertical del eje de la vida: el torrente que yace justo debajo de nosotros nos arrastra.
Con ello quiero decir que, andando, uno no va en busca de sí mismo,
...Andando se escapa a la idea misma de identidad, a la tentación de ser alguien, de tener un nombre y una historia.
La libertad cuando se camina es la de no ser nadie, porque el cuerpo que camina no tiene historia, tan solo un flujo de vida inmemorial. Así, somos un animal de dos patas que avanza, una simple fuerza pura entre grandes árboles, apenas un grito.
SOLEDADES
Cuentan de un sabio peregrino que, aunque el cielo estaba encapotado y se anunciaba tormenta, seguía desde hacía mucho tiempo un largo camino que le ofrecía el espectáculo, al fondo de un valle, de un pequeño campo de trigo maduro. Y, entre las malas hierbas y bajo el cielo oscuro, ese campo bien dibujado se veía como un cuadro perfecto de luz que el viento hacía ondular suavemente.Era hermoso, y el peregrino, en su lento caminar, disfrutó plenamente del espectáculo. Mientras avanzaba vio al campesino regresar, con la mirada gacha, una vez terminada su jornada de trabajo. El peregrino lo detuvo y, apretándole el brazo, murmuró emocionado:"GRACIAS"
A veces vamos a caminar solo para visitar: visitar rincones de vegetación, arboledas, valles de color violeta.
Por último, no estamos solos porque en cuanto se anda enseguida se es dos. Sobre todo después de haber andado largo rato. Quiero decir que se da siempre, incluso a solas, el diálogo entre el cuerpo y el alma.
...Cuando para el cuerpo es difícil, yo estoy ahí para animarlo: venga, un poco más, claro que puedes.
Mi cuerpo y yo: una pareja.

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